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Joaquim_Mir_Decoració mural de la Casa Trinxet 1904

Joaquim Mir. Paisaje y color

Sólo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los ojos y el alma“, Manifiesto de Joaquim Mir, 1928.

Joaquim Mir fue un paisajista formidable, tal vez el más creativo de la tribu modernista. Y peculiar: en sus modestos viajes su estilo cambia con cada destino, como si sintonizara la vibración propia del lugar. En una primera etapa realista siguió la tradición local de componer un “paisaje con figuras”, como en “La catedral dels pobres”, que pintó en el mismo templo de la Sagrada Familia y compuso la escena en dos partes diferenciadas, la arquitectura al fondo y en primer término la figura humana. Con el tiempo, ésta se va ausentando de su pintura y es en Mallorca donde su pincelada y su paleta de colores alcanzan su máxima expresión, desdibujando los perfiles a veces con pinceladas cortas, casi puntillistas, otras más sueltas y libres, y manchas donde el pincel no alcanzaba.

Pintaba en grandes formatos, siempre del natural, sujetando los lienzos a pinos y rocas mediante cuerdas. Aquella magia ya nunca le abandonó, una suerte de “cosmovisión naturalista” como diría mossèn Laplana: las atmósferas refulgentes que iluminan sus lienzos todavía causan admiración en todo el Mundo. Les dejo con el magnífico artículo escrito por Charo Onieva.

Artículo escrito por Charo Onieva. Abogada. Impulsora de Cincuentopía (http://cincuentopia.com/) el portal para los mayores de 50 años con inquietudes alternativas. Ha desarrollado distintos proyectos de emprendimiento en los entornos offline y online.
Pintora a sus 50 años. Curiosa por naturaleza.

Joaquim Mir es uno de los pintores más singulares de finales y principios del siglo XX. Los distintos espacios geográficos por donde transcurrió su vida condicionaron en gran medida al artista, hasta empujarle a pintar de una forma concreta, distinta cada vez de la anterior lo que le permitió construir un universo propio. Esta característica de la obra pictórica de Mir también da fe de su independencia  en relación con los movimientos artísticos de la época, desde el impresionismo hasta el simbolismo, en su interpretación del paisaje.

Barcelona. Joaquim Mir i Trinxet nació en Barcelona en 1873. En su juventud trabajó en el negocio de bisutería y mercería de su padre. Comenzó los estudios de peritaje mercantil y posteriormente los abandonó para dedicarse a la pintura, con el apoyo de su tío materno, Avel·lí Trinxet i Casas, que hacía las funciones de su marchante. Hacia 1889 inició sus estudios artísticos en la academia privada de Lluis Graner, pintor de composiciones rústicas, junto a Nonell y más tarde, se matriculó en la Escuela Oficial de Bellas Artes de Barcelona Llotja.

La colla del safrà (el azafrán).

Junto con un grupo de jóvenes artistas, integrado por Isidre Nonell, Ricard Canals, Ramón Pichot, Juli Vallmitjana y Adrià Gual, se constituyó hacia el año 1893 La Colla del Safrà.  Dicho nombre derivaba de la coloración de tonos amarillos y anaranjados de sus pinturas, una de sus características fundamentales, con los que pretendían oponer la luminosidad mediterránea a los fríos colores de los impresionistas. En palabras de Ramón Casellas , uno de los críticos de arte catalanes más influyentes de la época, todos “hacían amarillo”.

La otra característica era la renovación temática. En lo referido a pintar al plein air, sí que secundaron a los impresionistas. Las afueras de Barcelona, con sus paisajes y sus gentes, se convirtieron en su fuente de inspiración. Tras participar en la Exposición General de la Academia en 1894, la comisión de la misma compra la pintura Sol y sombra por un precio de quinientas pesetas, hecho que de algún modo marca el inicio de su reconocimiento como artista. Tanto en esta obra como en El vendedor de naranjas, pero sobre todo en La catedral dels pobres se observan las características comunes a esta época, La estructura compuesta de tres planos paralelos, ligeramente diagonales, en los que alterna luz y sombra, situando un primer plano de gran realismo en sombra, reservando una poderosa luz para el resto de la escena. A finales de siglo se convierte en un asiduo de Els Quatre Gats, local donde se reunían los modernistas y donde fue conociendo las tendencias europeas. (No se pierdan nuestro artículo dedicado: Els Quatre Gats, en cuyas tertulias se fraguó el modernismo, desde Casas y Rusiñol a Picasso y Gaudí).

Mallorca.

El viaje que emprendió con Santiago Rusiñol a Mallorca, donde residió de 1900 a 1904 – tras no haber conseguido la beca  para la Academia Española de Bellas Artes de Roma- supuso un definitivo punto de inflexión en su carrera. Frente a la Barcelona que dejaba atrás, se encontró con la naturaleza virginal de Mallorca que había atraído a artistas como a Chopin. En una conversación con Santiago Rusiñol, le explicaba los colores de la inhóspita costa del norte de la isla de Mallorca con esta pasión y vehemencia: “pinto en un sitio por el que sólo paso yo y alguna bestia inconsciente. El paso, en el que sólo caben, justo, los pies, es un terraplén de rocas resbaladizas que van a parar directamente al mar. Si me fallasen los pies y resbalara no creo que volviera a hablarse de mí en el mundo de los vivos. Pero cuando se está allí, Santiago, ¡Qué espectáculo! A la derecha, la cala de san Vicente, a la puesta de sol roja, del color del fuego. El mar, azul cobalto, refleja aquellas rocas encendidas y queda también rojo como la sangre. A la izquierda los contrafuertes del Castillo del Rey, a contraluz, grises a la sombra. En aquel lado, el agua toma tonos de plata. Añade los morados de las algas del fondo y el de las higueras silvestres que penden hasta tocar el agua y ¡Qué cosa, Santiago! ¡Qué locura de colores!¡Están todos! Todos los de la paleta…”.

Por tanto, se trataba de aprehender una naturaleza desbordante con una pincelada larga, ancha y vertical, con la incorporación de una gama fría a su paleta, con predominio del color sobre la forma que confluyeron en un lenguaje pictórico absolutamente propio, entre onírico y casi expresionista. La pintura de Mir en Mallorca ha sido definida como paisajismo musical, wagneriano. Unamuno calificó a Mir como “el poeta de la luz de Mallorca”. En este periodo pintó un centenar de obras e inició la decoración inició dos grandes conjuntos decorativos: los murales de la Casa Trinxet de Barcelona, propiedad de su tío Avel-lí Trinxet, y tres grandes cuadros para el comedor del Gran Hotel de Palma, actual sede del CaixaForum de Palma.

Camp de Tarragona. Reus y El Aleixar.

Tras una misteriosa caída en Cala Sa Calobra,  pasó dos años en una institución mental de Reus, tras la cual se instaló en el Camp de Tarragona y durante aquellos años se aproximó a la abstracción a partir del color. Las manchas se apropian del paisaje y éste carece de importancia.  En este periodo ultimó su colaboración en la hoy ya desparecida Casa Trinxet, incluidos los vitrales El Gorg Blau y La Vita, uno de los conjuntos más célebres del vitral catalán. Adjuntamos un vídeo que da cuenta de la magnificencia de la Casa Trinxet: YouTube

 

Mollet del Vallés

Lugar de residencia de su hermana, fue allí donde su vida y su obra entraron en una etapa de calma. Desde 1914, durante los ocho años que vivió allí, el artista siguió centrando su interés en captar la luz aunque cambió su manera de percibir la naturaleza y recuperó formas más realistas.

 

Vilanova i la Geltrú

Constituye la última etapa artística de Mir que se desarrolló entre 1922 y 1940. El pintor huía de la ciudad siempre que podía para intensificar su contacto con la naturaleza, acentuándose en esta época su realismo, teniendo en cuenta que se ha convertido en el paisajista oficial de la Cataluña de la época.

Estos fueron años del ansiado reconocimiento internacional. Expuso en Londres, París, Buenos Aires y Washington y participó en las ediciones de 1932 y 1934 de la Bienal de Venecia. Con el inicio de la Guerra Civil el pintor se recluyó en casa y la temática de sus pinturas se redujo a las cuatro calles más próximas y a su jardín. Durante la posguerra, un desafortunado incidente le obligó a ingresar unos días en prisión, lo que le desmoralizó tanto que precipitó su adiós en 1940.

Sólo quiero que mis obras alegren el corazón e inunden de luz los ojos y el alma”, Manifiesto del artista, 1928.

Artículo relacionado: Els 4 Gats. Casas, Romeu, Rusiñol y Utrillo

 

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Sobre Edi Kastas

Librepensador. Estado civil: Siniestro total. Estudios: poco cuajados.